Personajes

jueves, 20 de diciembre de 2012

Here comes the sun [Riku y Keiko].


[Esta canción parece escrita para Keiko: ella es como el sol, ilumina todo con su presencia.]


***

Poco después de volver de Europa, Riku abrió una cafetería vegana en un barrio tranquilo de Tokyo. Habían pasado algo más de cinco años desde que se fue de la ciudad. Este cortísimo relato recoge el momento en el que conoció a Keiko; él tenía 24 años y ella 22.



***

Nada más salir de casa estiró los brazos, respiró hondo y miró hacia el cielo con las manos detrás de la nuca. Era un día soleado y una suave brisa que olía a pan recién horneado jugaba con las copas de los árboles. Se metió la mano en el bolsillo y cambió la canción en el MP3 viejo y rallado; se ajustó los cascos, grandes, nuevos y brillantes, y echó a andar sin prisa.

Sentía los ojos de los transeúntes en su nuca mientras caminaba en dirección a la cafetería. No era por las rastas o por su ropa, era por que iba sonriendo con la mirada perdida; se encogió de hombros y subió el volumen de la música.

Tomó el atajo del parque. No era un parque especialmente bonito o grande, no tenía nada de especial en realidad, pero a Riku le encantaba oír el crujido de la gravilla de ese parque en concreto debajo de sus botas, y pisaba más fuerte de lo habitual al andar por los caminos que discurrían ordenadamente entre los árboles y los bancos. Sin darse cuenta andaba al ritmo de la música, movía la cabeza suavemente siguiendo la canción y las rastas se balanceaban a la altura de los codos sin ritmo ni concierto alguno.

Estaba a punto de salir del parque cuando vio algo más lejos a una chica con una guitarra sentada en el césped bajo un árbol. Apagó el MP3 sin dejar de mirarla pero sin moverse de donde estaba y se echó lentamente los cascos hacia atrás, dejándolos alrededor del cuello. Estaba cantando una de los Beatles, ¿cuál era? No cantaba muy bien y tocaba regular, pero en su cara se veía que le encantaba la canción. Riku se acercó a ella intrigado. Alguien le había dejado unas monedas en la funda de la guitarra, pero desde luego no tenía pinta de necesitarlas.

La chica bajó la mirada hacia la guitarra al terminar la canción y colocó la mano izquierda para comenzar otra; el flequillo el cubría los ojos completamente en esa postura, y así encorvada sobre el instrumento daba la sensación de estar en paz en su mundo particular. Riku se sentó a unos metros de ella cruzando las piernas, apoyó la cabeza en una mano y cerró los ojos.



La voz de ella era suave con un timbre grave, ligeramente desafinada; las notas de la guitarra se oían muy lejanas, como si estuviese tocando con una sordina. Los coches y peatones fuera del parque parecían amoldar su ritmo al de la canción, y todo sonaba como un conjunto de irrealidad que le hacía sentir extrañamente tranquilo.

Seguía cantando una canción de los Beatles tras otra. Nunca le habían gustado, y ella desde luego no lo estaba arreglando, pero tampoco quería dejar de escucharla. Perezosamente sacó el móvil del bolsillo y miró la pantalla: hacía una hora que debería haber abierto la cafetería. Guardó de nuevo el móvil y siguió sentado mirándola cantar. 

Al terminar la canción ella levantó la cabeza y le miró fijamente.

- ¿Quieres que cante algo más?

Riku se enderezó sorprendido, hablaba de forma muy directa.

- Bueno, tengo que irme a trabajar.

Ella le sonrió acariciando suavemente las cuerdas de la guitarra.

- Vengo aquí a veces, es posible que nos volvamos a encontrar.

Él se puso de pie y sacó un papel del bolsillo.

- ¿Tienes un boli? - ella sacó un lápiz del bolso y se lo dio sonriendo -. Esta es la dirección de mi cafetería - continuó Riku mientras escribía apoyándose en la palma de la mano izquierda -, ven cuando quieras y te invito a un café. 

- ¡Muchas gracias! - sonriendo cogió el papel y leyó la dirección.

- Aunque es una cafetería vegana...

Ella levantó la vista con expresión sorprendida.

- ¿En serio? No sabía que hubiese una cafetería vegana por aquí - dijo casi para sí. Luego le sonrió -. Yo soy vegana, así que estaré encantada de ir a tu cafetería.

- Vaya, ¿de verdad? Pues sí que ha sido casualidad - Riku se rió suavemente -. Espero verte pronto allí, entonces - añadió a modo de despedida.

Se dio la vuelta y tras dar pocos pasos se giró para mirarla. Ella le había seguido con los ojos y al ver que se giraba agitó una mano despidiéndose con una sonrisa. 

- ¿Cómo te llamas? 

- Keiko - contestó ella sin dejar de sonreír -. Keiko Anderson, pero llámame Keiko.

Riku sintió una punzada de nostalgia cuando la oyó presentarse por el nombre de pila. Echaba de menos la naturalidad de los europeos a la hora de relacionarse entre ellos.

- Yo soy Riku, encantado.

Hizo una reverencia con la cabeza y volvió a despedirse con la mano mientras caminaba hacia la salida del parque. Detrás de él oía a Keiko desentonar con alegría el Yellow submarine. Sonrió con una mezcla de vergüenza y admiración.

***

Dibujo por Adual <3 

2 comentarios:

  1. Me ha gustado (pero eso ya se sabía de antemano, jajaja).
    Ella me ha dado la sensación de ser como una brisa fresca en verano. No sé, me ha dado muy buen rollito y me encanta la imagen mental (bueno, la que has puesto ayuda mucho) de ella sentada y tocando la guitarra. Como muy de relax y de ese tipo de gente a la que me gusta arrimarme (transmiten paz y serenidad. Y son felices).

    Ahora te toca escribir sobre el holandés :P

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    1. Sí, puse la imagen porque si no se quedaba sosilla la entrada, pero si algún alma caritativa me hace un dibujillo (toco madera) la quitaré, porque realmente no se parece a Keiko para nada xDDD

      Ay, sí, Keiko es paz, tranquilidad, felicidad... es el sol <3

      Jajajja, al holandés primero tendré que ponerle nombre, que de momento sigue siendo el holandés errante jajaja

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