Personajes

sábado, 29 de diciembre de 2012

En la cafetería. [Riku y Keiko]

[Esta entrada es bastante descriptiva, es una escena relativamente cotidiana en la vida de Riku. Quería mostrarle visto "desde fuera". También presento al escritor, Jan Gjertsen.]


Al poco de conocerse por casualidad, Keiko acepta la invitación de Riku para ir a tomar un café a su cafetería. 






El sol le acariciaba la cara con sus dedos templados y le hacía cosquillas en las mejillas. Keiko caminaba a paso tranquilo mirando atentamente los escaparates y los rótulos de las tiendas de la calle, estrecha y ligeramente empinada. Por fin paró delante de un edificio pequeño de dos plantas y leyó el alegre cartel naranja y blanco que colgaba sobre la puerta: The Happy Tiger


Abrió la puerta. Sonaba de fondo una canción de Jack’s Mannequin y olía a incienso. 

Era una cafetería pequeña, con las paredes pintadas de blanco y decoradas con fotos de paisajes; plantas de varios tipos adornaban las esquinas. Había unas pocas mesas de madera con sillas de diferentes colores y estilos. Junto al ventanal, a la izquierda, en una estantería amarilla vieja con la pintura raída, se apilaban varios libros y juegos de mesa. Delante de la ventana colgaban del techo varias bolas de cristal pequeñas que filtraban la luz del sol y decoraban el espacio con miles de pequeños círculos de todos los colores del arcoíris que bailaban por las paredes y entre las mesas. 

Delante del ventanal, junto a la estantería, había una mesa baja y un sillón viejo de color verde oscuro. Enterrado en él y tecleando rápidamente había un hombre de piel morena vestido de traje que la miró, con ojos de un azul penetrante, durante un segundo y le saludó con la cabeza para volver inmediatamente a la pantalla de su portátil. Sentado sobre la mesa, al lado de una taza humeante, un gato negro que la miraba con curiosidad. Keiko les sonrió a los dos y volvió la vista al frente. 

La barra era amplia, de madera, y tenía un brillo dorado por el barniz, ligeramente desgastado en la repisa. Detrás de la barra se erguían dos armarios, uno de ellos con las puertas abiertas lleno de ingredientes de repostería; entre los armarios había una mesa larga con un fregadero y una superficie diáfana con algunos restos de harina, y por encima, fijados a la pared, tres estantes llenos de tazas de diferentes colores y tamaños. A la derecha, junto a una enorme máquina de café antigua, el quicio de una puerta tapado con una cortina naranja con motivos indios estampados en negro, daba paso a la trastienda. Al otro lado había un horno grande, negro y brillante, claramente nuevo, del que salía un agradable olor a bizcocho. 

A la derecha de la barra, en el suelo, había dos cuencos llenos de pienso y otro con agua. Keiko miró de nuevo en dirección al gato negro de la mesa, que se había hecho una bola y se había quedado dormido encima de unos papeles del hombre del traje, que seguía inmerso en la pantalla de su portátil sujetando la taza humeante con la mano izquierda. 

La campanita de aviso del horno llamó su atención y volvió a girarse hacia la barra. Oyó un ruido tras la cortina, que inmediatamente se agitó y se apartó, dejando paso al chico de las rastas, Riku. Detrás de él salió otro gato, de color marrón con rallas oscuras, que se quedó congelado bajo el quicio de la puerta al verla. Riku, que estaba sujetando la cortina para que pasara el gato, se dio cuenta de su reacción y volvió la vista hacia ella. 

Llevaba una camisa blanca arremangada por los codos y unos vaqueros oscuros manchados de harina por la parte de atrás. Atado a la cintura llevaba un delantal negro largo, casi hasta el suelo, también manchado de harina. Las rastas eran muy largas, de color castaño, algunas más claras que otras, y las llevaba recogidas con una cinta negra tras la nuca. La barba oscura y la forma de las cejas le daban una expresión algo intimidatoria, pero al reconocerla le dedicó una sincera sonrisa que le iluminó toda la cara. 

– ¡Hola! ¡Bienvenida! 

Se giró hacia el gato. 

– Venga, Steiner, no seas miedica –. Se agachó para acariciar la cabeza del animal, que seguía en la misma postura sin quitarle los ojos de encima a Keiko–. Perdónala – dijo con una sonrisa levantando la cabeza para mirarla –, es muy tímida, pero en cuanto te conozca verás qué cariñosa es. 

– ¿Es una gata y se llama Steiner? 

Riku se rió mientras se levantaba. 

– Ya, no es un nombre muy femenino. ¿Ya has conocido a Alex? – añadió señalando al gato negro que seguía durmiendo tranquilamente. 

Keiko se rió al decir: 

– Sí, pero no me ha hecho mucho caso, ¿también es una gata? 

Riku se cruzó de brazos y la miró admirado. 

– Vaya, ¿cómo te has dado cuenta? 

– Um, digamos que acabo de tener una corazonada. 

Keiko empezó a quitarse la cazadora despacio para no asustar a Steiner, que se había refugiado detrás de la cortina y la miraba con cierta desconfianza. 

– ¿Te quieres sentar? – preguntó Riku mientras cogía una taza roja de la estantería-. ¿Te apetece un café? 

– Sí, por favor, con leche de soja. 

– Tengo también leche de avena y de arroz –, le informó Riku abriendo un pequeño frigorífico que estaba bajo la barra. 

– Mejor leche de arroz entonces –, contestó Keiko mientras iba a sentarse a la mesa más cercana a la barra. 

Miró a Riku preparar el café y sacar el bizcocho del horno; cortó una porción y se la entregó en un plato junto con el café. 

– Bizcocho de zanahoria vegano, invita la casa –. Sonrió y se sentó a la mesa con ella. 

Steiner asomó la cabeza por detrás de la barra, se acercó con precaución y se acurrucó debajo de la silla de Riku. Él se agachó para acariciarla y dedicarle algunas palabras de amonestación cariñosas. Keiko probó el bizcocho mirando divertida la situación. 

– ¡Está delicioso! 

Riku levantó la cabeza y sonrió. 

– ¿Te gusta? Hoy he hecho alguna modificación con la receta y no estaba muy seguro de si saldría bien… 

– Está muy rico –, aseguró Keiko cogiendo otro trocito con la cuchara –. ¿Qué has cambiado en la receta? 

– He añadido un poco de cayena al chocolate para que tenga algo más de sabor. Pensé que me había pasado y que sabría picante. 

Keiko saboreó el trozo de bizcocho con atención: efectivamente había un ligero indicio picante que combinaba tan perfectamente con el chocolate que era difícil percibirlo. 

– Voy a cambiar la música –, dijo Riku levantándose del asiento. 

Se dirigió hacia la puerta, detrás había un armario negro alto pegado a la pared con una mini cadena plateada y muchos CDs descolocados por los estantes. Al apagar la música para sacar el CD, el hombre del sillón levantó la cabeza. Riku se dio cuenta, se giró hacia él y le habló en inglés: 

– Juan, ¿qué te apetece escuchar? 

– Necesito algo de jazz tranquilo… 

La voz del hombre era grave y aterciopelada, pronunciaba con un acento que Keiko no lograba situar. Riku rebuscó entre los CDs. 

– Tengo aquí unas baladas de Ella Fitzgerald. 

Juan asintió, y en cuanto empezaron los primeros acordes del piano cerró los ojos durante unos segundos, los abrió y volvió a escribir frenéticamente. 

Riku se sentó de nuevo con Keiko, que casi había terminado el bizcocho y daba pequeños sorbos al café mirando la escena con curiosidad. 

– Es Jan Gjertsen – explicó Riku–, un escritor noruego. Suele estar aquí casi todos los días, la música le ayuda a escribir. 

– ¿Jan? ¿No le has llamado de otra forma? 

– Se llama Juan, Jan es su nombre noruego y lo usa como pseudónimo. 

Keiko miró al escritor un segundo, y volvió su atención a Riku. Steiner había saltado a su regazo y le estaba acariciando entre las orejas. 

– Me encanta la cafetería – le dijo sonriendo –. Es muy agradable. 

–La decoración me gusta – contestó Riku encogiéndose de hombros. 

– ¿Trabajas aquí solo? 

– Sí, de momento sí, pero últimamente viene más gente, así que tendré que buscar a un camarero para los fines de semana. ¿Te apetece trabajar aquí? 

Keiko sonrió. 

– Yo trabajo en una tienda de ropa, abrimos también los fines de semana… pero a mi compañera de piso le podría interesar, también es vegana. Es, bueno, tiene un aspecto algo llamativo, pero si no te importa… 

Riku negó con la cabeza. 

– Para nada. ¿Por qué no venís juntas mañana y os invito a algo? 

– Claro – contestó Keiko desde detrás de la taza levantada. 

Se terminó el café de un sorbo y miró el reloj pequeño que llevaba colgado del cuello como un collar. 

– Me tengo que ir a trabajar, ¿mañana entonces a la misma hora? 

Riku se levantó y cogió la taza y el plato de Keiko. Steiner saltó al suelo y corrió a refugiarse tras la barra. 

– Sí, yo estoy aquí siempre desde la una de la tarde. 

Keiko se despidió y salió a la calle. Al ir a cerrar la puerta vio a Riku hablando a Steiner, que se había encaramado a uno de los armarios, mientras fregaba la taza roja. Con una sonrisa cerró la puerta.


4 comentarios:

  1. Me ha hecho gracia leer la misma pregunta que tenía yo en mente, no diré cual, para mantener un poco el misterio.

    Me alegra ver a Jan en este relato, creo que tu morenazo de ojos azules será uno de mis favoritos. Espero que lo puedas presentar de forma oficial pronto.

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    1. Juan es genial *_* Voy a subir ahora su ficha, tendré que pedirte que la coloques xDDD

      A ver, creo que la pregunta es esta: ¿Es una gata y se llama Steiner?

      Yo también me lo pregunté en su momento, la verdad xDDD

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  2. Me encantó cuando lo leí la primera vez y me sigue gustando (no sé porqué no te comenté antes. Supongo que estaría un poco perraca xD).
    Yo digo lo mismo de Juan. Entre él y el holandés errante..., me tienes que ni me muevo de la silla, jajaja.

    Pero lo que más me preocupa es que Riku ande invitando cada dos por tres. ¿Así pretende hacer negocio? ¡Que se le va a ir a pique! (comentario tonto donde los haya ^^U).

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    1. Jajaja, eso pensamos Keiko y yo cuando le dijo que les invitaría a ella y a Naoto xDD No me explico cómo mantiene el negocio, entre que se la pasa hablando con todo el mundo, no abre a su hora (en el realto anterior abrió la cafetería una hora tarde, el pobre Juan estaba esperando en la puerta cuando llegó xD) y que invita a la gente... en fin, es un misterio. Pero bueno, también tiene sus motivos para ser majo con Keiko *guiño, guiño*

      ¡Me alegro de que te haya gustado este relato! Para mí no tiene ningún atractivo, es la descripción de una situación cotidiana y listo, pero me apetecía mucho escribir algo así para mostrar cómo es Riku en el trabajo, para presentar a Steiner y a Juanito... xDD Tendré que hablar más de Alex la próxima vez ^^

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