Personajes

lunes, 14 de enero de 2013

Pasado [Yuuki y Riku]

Nota cultural: en este relato los personajes usan honoríficos para relacionarse entre ellos. San es nuestro equivalente a Sr. Chan se usa para las chicas adolescentes y para las niñas, y kun para los chicos.


Ojalá la vida fuese… 



Este relato ocurre tres años después de este episodio. Tras la marcha de Riku el grupo continuó hasta que Taizo enfermó gravemente por sus abusos con las drogas. En pocos meses murió tras una larga agonía en el hospital. Exhausto tras estos acontecimientos Yuuki se replanteó su vida e ingresó en una agencia donde empezó a trabajar como actor. Llamó la atención en seguida por su talento y carisma, trabaja en series y películas y coge proyectos uno detrás de otro. 




Toma 1.


– ¡Takahiro-kun! 

Corro por la playa. Él se da la vuelta y abre los brazos. 

– ¡Megumi-chan! 

Me abraza ante la puesta de sol. 

– ¡Corten! ¡Buen trabajo! 

Yuuki me suelta y me sonríe: 

– Buen trabajo, Aya-chan – va hacia su mánager y bebe un trago de la botella de agua que éste le ofrece. 

Ah, ojalá la vida fuese como en las películas. Yuuki-kun es tan reservado… siempre me sonríe y es amable conmigo, pero nunca me ha invitado a salir después del trabajo. Siempre que le lanzo indirectas me ignora o me sonríe sin decir nada. Entre escena y escena no habla con nadie, suele sentarse apartado y lee libros viejos. 

– Aya-chan, cámbiate cuanto antes, vas a coger frío – Minoru-san me da un té caliente y me tapa los hombros con una manta –. Dentro de una hora tenéis una sesión de fotos para promocionar la película, ¿quieres ir a descansar mientras tanto? 

– No – le devuelvo el té y me quito la manta de una sacudida –, quiero hablar con él. 

Minoru-san me mira enfadado. Me encojo de hombros y voy hacia Yuuki; puedo sentir los ojos de Minoru en mi espalda, pero me da igual, el trabajo de un mánager al fin y al cabo es que los actores estemos a gusto, ¿no? 

– Yuuki-kun, perdona – se da la vuelta y me sonríe –. Tenemos una hora hasta la sesión de fotos, ¿te apetece ir a dar un paseo por la playa? 

– Tengo un poco de frío, voy a quedarme aquí – me rechaza sin dudar ni un segundo. Tiene un móvil de color blanco en la mano. Se lo cojo y abro la tapa para apuntar mi número. 

– Cuando acabemos estaría bien qued… 

Me quita el móvil de la mano y sin mirarme se lo guarda en el bolsillo. Avergonzada miro a mi alrededor, y veo que Minoru está viéndome, maldito cotilla… Yuuki saca otro móvil y me lo da. 

– Mejor apunta tu número aquí – me sonríe de nuevo. 

Mientras apunto el número me doy cuenta de que nunca me ha sonreído de verdad. 



Toma 2.

– ¡Takahiro-kun! 

Aya corre por la playa y Yuuki se gira hacia ella con los brazos abiertos. 

– ¡Megumi-chan! 

La abraza. Siento una punzada de celos en el estómago. 

– ¡Corten! ¡Buen trabajo! 

Joder. Ojalá la vida fuese como en las películas. 

Aya debe tener frío, le preparo un té rápidamente. No puedo dejar de pensar en el abrazo, ¿seré idiota? Yuuki solo está actuando no significa nada para él. ¿Pero y yo? Si esto fuese una película habría un final feliz para mí, un final en el que Yuuki no podría vivir sin mí. Pero desde aquella noche me ha estado ignorando. No debí haber tocado el móvil blanco, fui un idiota. 

– Aya-chan, cámbiate cuanto antes, vas a coger frío – la muy ingenua mira a Yuuki embobada, estúpida cría…–. Dentro de una hora tenéis una sesión de fotos para promocionar la película, ¿quieres ir a descansar mientras tanto? 

– No, quiero hablar con él. 

Intento no reírme en su cara. Por esto odio a las actrices adolescentes, se creen que siendo monas tienen la vida resuelta. Recojo la manta del suelo y espero con expectación a que Yuuki la rechace y venga llorando. 

Ah, no debí haberle cogido el móvil. Pero me parecía raro, ese móvil que nunca suena pero que siempre lleva encima encendido… solo quería saber a quién tenía en la agenda, ¿por qué se enfadó? 

Parece que Aya ha cometido el mismo error que yo. ¿Qué tendrá de especial ese teléfono? Quizás debería preguntar a Keisuke-san. Aya vuelve cabizbaja y me coge el té de las manos, intento no sonreír. Keisuke deja a Yuuki y se acerca a mí: 

– Minoru-san, respecto a las fotos… 

Intento terminar con ese tema cuanto antes. No tengo mucha confianza con Keisuke, pero sé que ha sido el mánager de Yuuki desde su debut, si alguien sabe algo de ese móvil, es él. 



Toma 3. 

– ¡Takahiro-kun! 

– ¡Megumi-chan! 

Yuuki y Aya se abrazan. Ha salido bien, parece que no habrá que repetir la toma. 

– ¡Corten! ¡Buen trabajo! 

En momentos como este siempre pienso que ojalá la vida fuese como en las películas. Yuuki se acerca, le doy una botella de agua. Llevo trabajando con él tres años y le considero mi amigo, confiamos el uno en el otro. Sin embargo… 

– ¿Dónde está mi mochila? 

– Toma – se la doy sacudiéndole un poco la arena. Saca el móvil blanco y lo abre con expectación. En su cara se dibuja la misma expresión decepcionada de siempre –. Keisuke-san, me estoy quedando sin batería, ¿me puedes conseguir un cargador? 

Desde el primer incidente con la batería de ese teléfono siempre tengo un cargador a mano. El móvil blanco siempre tiene que estar encendido, no puede quedarse sin batería, y nadie jamás deber tocarlo. 

Hace tres años, cuando apenas habíamos empezado a trabajar juntos, el móvil se quedó sin batería: Yuuki se volvió loco, tuve que ir a comprar un cargador, pararon el rodaje de la serie en la que estaba trabajando en ese momento, y no se calmó hasta que pudo conectar el cargador y volver a encender el móvil. Y esa cara de decepción cada vez que lo mira… Ese año, una vez que Yuuki estaba rodando, cogí el móvil y lo miré: la agenda, la galería, los e-mails, miré en todas partes, pero no había nada, está totalmente vacío. Cuando le pregunté ni siquiera se molestó en contestar. 

– Yuuki-kun, perdona – Aya-chan se ha acercado a nosotros –. Tenemos una hora hasta la sesión de fotos, ¿te apetece ir a dar un paseo por la playa? 

– Tengo un poco de frío, voy a quedarme aquí – me imaginaba que diría algo así, todas las chicas con las que trabaja lo intentan con él; está bien para ayudar a la promoción, así que a veces le obligo a ir a una cita o a acudir a algún estreno con ellas. Pero Aya-chan es demasiado niña, Yuuki se aburriría mortalmente con ella. 

Aya coge el teléfono blanco de repente: ni siquiera oigo lo que dicen, me va la mente a toda velocidad y solo pienso en qué hacer para calmarle. Yuuki parece tranquilo, le quita el móvil y se lo guarda. Suspiro. 

Ojalá supiese qué ocurre. 

Cuando Aya se va por fin Yuuki pone a cargar el teléfono y se sienta a leer, al parecer tiene un examen la semana que viene. Accedí a que se apuntase a la universidad hace año y medio, y no me arrepiento: no ha influido en su trabajo y parece feliz. 

Le dejo tranquilo y me acerco a hablar con Minoru-san sobre la sesión de fotos de la tarde. Llegamos a un acuerdo mucho más rápido de lo que me imaginaba. En seguida me doy cuenta de que no deja de mirar a Yuuki. Sé que estuvieron juntos, Yuuki me lo contó. Supongo que me querrá preguntar sobre… 

– Keisuke-san, sé que esto te sonará raro, pero… 

– Es sobre el teléfono, ¿no? – le corto para evitarle el apuro. Me mira sorprendido –. Lo siento, yo tampoco sé nada. 

Vuelvo hacia donde está Yuuki. Si esto fuese una película supongo que tendría una respuesta para Minoru. 



Toma 4. 

– ¡Takahiro-kun! 

Aya-chan corre hacia mí, abro los brazos y grito: 

– ¡Megumi-chan! 

La abrazo con fuerza. Siento su pelo haciéndome cosquillas en el cuello. 

– ¡Corten! ¡Buen trabajo! 

Kaisuke me da agua. Miro el móvil. Nada. La decepción apenas me afecta, es parte de la rutina; las cosas no cambian y nos acostumbramos a todo, miramos la vida pasar, creemos que estamos haciendo algo importante, pero en el fondo solo estamos ahogados en la rutina. Todos esperamos un barquero que nos saque del agua y nos monte en su barca, pero ninguno queremos nadar hacia la orilla y dejar el mar atrás. 

El día pasa más despacio de lo que me gustaría, quiero llegar a casa y estudiar para el examen. Aya-chan es un incordio, pero no me ha vuelto a hablar desde que ha apuntado su número en mi teléfono, y Minoru, aunque no deja de mirarme, no parece que quiera decirme nada tampoco. Arg, me da igual, solo quiero irme a casa y estudiar. 

Keisuke me deja en el portal del edificio, he quedado en ir a beber con él mañana para celebrar el final del rodaje. Menos mal que no me ha pedido que salga con Aya, no le he dicho nada, pero los dos sabemos que habría sido un desastre. 

En cuanto meto la llave en la cerradura oigo un ladrido, Chibi-sama me espera sentado detrás de la puerta; nada más abrir le acaricio y él me lame la mano. Más tarde le sacaré a pasear. Cojo una lata de té frío de la nevera y me tumbo en el sofá a leer. Chibi-sama se sienta a mi lado y reposa su enorme cabeza en mi tripa, mirándome fijamente. 

– En cuanto acabe el capítulo salimos – le digo en voz baja rascándole entre las orejas. 

Resopla con su enorme nariz y hace que se me levante la camiseta. Me la bajo riéndome y él me mira sin cambiar un ápice la expresión. 

Oigo sonar el móvil y me da la vuelta el estómago. Me levanto del sofá dejando caer el libro de cualquier manera y corro al abrigo para sacar el teléfono blanco del bolsillo. Es un número muy largo, no me lo esperaba, creía que estaba en Japón… Respiro hondo e intento aislarme de todo, solo oigo el tono anticuado de la llamada. Chibi-sama me mira sorprendido desde detrás del sofá. Me doy la vuelta, me apoyo en la pared y abro la tapa. 

– ¿Hola? 

– Yuuki, soy yo. No me cuelgues, por favor. 

– … 

– ¿Cómo estás? 

–… 

–… he visto en internet que no paras de trabajar, me alegro por ti. 

–… 

– Vale, si no quieres hablar no pasa nada, pero por favor, escúchame. 

Su voz suena como siempre. Entre el ritmo de mis latidos y el nudo en la garganta me da la sensación de que voy a explotar, me cuesta concentrarme, me cuesta seguir siendo yo mismo. Su voz tiembla al continuar: 

– No podía más, me estaba ahogando. Aquel apartamento parecía una cárcel, la situación con Taizo y con el grupo me estaba volviendo loco. Pensaba que había una solución, que quererte era todo lo que importaba – se me corta la respiración, las lágrimas se agolpan en mis ojos y no veo nada –. Pero me di cuenta de que no había un futuro para nosotros y huí de mí mismo, como un cobarde. No puedo perdonarme por dejarte así, sin ninguna explicación; y no espero que lo hagas tú, solo que me entiendas. 

–… 

Cuelgo el teléfono. Me dejo caer al suelo. Algo se me ha roto dentro y no puedo parar de llorar como un niño. Chibi-sama se acerca y me lame las lágrimas. Le aparto con una mano y grito, grito con todo lo que llevo guardando estos tres años. Tiro el teléfono contra la pared y oigo cómo se rompe y cómo se esparcen las piezas por el suelo. 

Ojalá mi vida fuese como en las películas.

2 comentarios:

  1. Durante todo el relato echaba de menos la versión de Yuuki, en serio. Me preguntada todo el rato: y no hay de él? Qué piensa él? Cómo ve las cosas en ese momento?
    Así que cuando por fin ha aparecido su parte, he respirado tranquila (sin embargo, casi que me hubiese quedado más feliz sin saber el final :S).

    Como siempre, y me repito una y otra vez, me ha gustado mucho. Me encanta Yuuki y quiero que sea feliz (pero es un deseo egoísta mío)!
    La forma del relato, lo de repetir la misma escena pero bajo otros puntos de vista, manteniendo algunas cosas exactamente igual, me chifla ^^
    Ha sido muy fácil y coherente de leer pero al mismo tiempo tiene ese toque literario molón :3

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    1. Me gusta la palabra "molón" jajaja. ¡Muchas gracias por tu comentario churri!

      Yuuki es especial para mí, cuando pienso en él o escribo sobre él le tengo mucho cariño. Espero poder escribir cosas más bonitas sobre él pronto ^^U que de momento no hago más que putearle. Pero esta llamada era importante, él necesitaba cerrar ese asunto para seguir con su vida.

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